Hay veces que no entiendo este mundo, veces que me escaparía al mundo de los cuentos que me contaba mi padre cada noche. Ese mundo donde el malo perdía y el bueno ganaba, y no al revés. Donde no había pérdidas de gente querida, no había crisis, no había ningún tipo de contaminación. Lo único que había era paisajes increíbles, mujeres y hombres sin complejos con un aspecto físico similar al de un dios. Todos eran generosos y no había pobreza. Me escaparía por la madriguera de Alicia al País de las Maravillas y conocería a un sombrero loco, a un gato extraño y a montones de personajes excéntricos, pero sin preocupaciones.
Pero esa vida sería un engaño. Los cuentos mentían, los libros mienten. No puede acabar todo bien, porque por cada persona que gana, hay un mínimo de una que pierde. Y es que no se puede ganar siempre, como nos hacen creer. Nos hacen creer que todo es sencillo, sin complicaciones, cuando es mentira. Y al crecer, como estamos acostumbrados a que todo sea fácil, surgen los obstáculos y no podemos evitar derrumbarnos las primeras veces. Pensamos que este mundo es demasiado difícil y no queremos seguir adelante. Queremos abandonar todo esto y volver al pasado, ese pasado llamado infancia, donde todo era un juego.
La vida en el fondo lo es. Pero hay gente a la que se le da mejor. Hay gente a la que simplemente le aburre. Y hay gente que lo único que quiere hacer es dejar de jugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario