domingo, 3 de marzo de 2013

Confesiones de un acusado.

Si soy sincera desde hace una semana siento unos ojos clavados en mi espalda. Pero me daba la vuelta, y esos ojos no estaban. Hasta que un día por la noche, dos o tres de madrugada me desperté sin explicación aparente muy sobresaltada. Pero no había tenido ninguna pesadilla, ni ningún sueño, era una de esas noches que duermes tan proofundamente que no sueñas. Juraría por mi cordura que unos ojos amarillos me observaban. Los ojos más curiosos que hubiese visto nunca, y un segundo después de haberlos visto, se desvanecieron. La noche siguiente, luché por no dormirme, pero fingí que sí que lo estaba, a eso de medianoche levanté la cabeza de la almohada, pero ya no estaban. 
Un día después, intenté hacer el mismo experimento, pero caí dormida. Y, a eso de las dos o tres de madrugada me desperté sin explicación aparente sobresaltada. Volví a ver aquellos curiosos ojos, pero no desaparecían. Me daba pánico moverme, sus pupilas se clavaban con fuerza en las mías y sentí la necesidad de saber quién era aquel de tan curiosos ojos. Le di un golpe rápido al interruptor de al lado de mi cama, y no sabéis cuál fue mi sorpresa al ver a un completo desconocido, alzando un cuchillo sobre su cabeza y con expresión furiosa. Aquel hombre quería matarme, o eso pensaba yo. Pero no, la dirección del cuchillo fue hasta su cuello. Cayó desplomado al suelo de mi habitación. Lo creáis o no, mi primera reacción, no fue llamar a nadie. Estaba cansado, y decidí dormir. Sí, con un cadáver de mi cuarto, no sé cómo fui capaz, pero lo hice. Y desperté a mediodía de la mañana siguiente. Mi habitación tenía un olor putrefacto y ustedes, la policía, llamaba a mi puerta. Abrí con expresión tranquila y no tuve ningún problema en enseñarles el cuerpo del muerto. Jamás pensé que me inculparían a mí, pero al parecer, mis huellas estaban por todo el cuchillo, porque era de mi cocina, con el que unto mantequilla en el pan cada mañana. Su teoría era que yo intenté acuchillarle una vez, él hombre misterioso frenó el golpe y por eso sus huellas estaban también en el cuchillo, y la segunda cuchillada, acerté y murió al instante. Bien, ya han escuchado la verdad. Aunque sé que no me creerán y tendré que volver a esa sucia y putrefacta celda. 

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