viernes, 22 de febrero de 2013

Pesadillas

Vuelve la pesadilla que como cada noche me acosa con sus tortuosas imágenes y sus voces rotas. Ruidos extraños se envuelven alrededor de mis pensamientos, generando en mí auténtico terror mientras que contemplo, estupefacta, la desagradable silueta que lenta y con pasos pesados avanza hacia mí. 
Aparentemente parece un hombre, pero su altura debe de ser de unos tres metros y es extremadamente delgado. Sus piernas son del grosor de un bastón y en lugar de terminar en pies, terminan en una extremidad con el aspecto de una bola de lana deshilachada.
No hay suelo, todo lo que me rodea es completamente oscuro salvo porque el presunto ser emite una especie de brillo, que es lo único que hace que pueda observarle con claridad mientras me carcome el miedo. Es curioso que emita esa luz, pues al mirarlo me parece una imagen oscura. Durante un segundo, medito la opción de que no es el ser quien la emite, sino que algo o alguien detrás mío lo está iluminando. Pienso en darme la vuelta y comprobar mi teoría, pero lo descarto inmediatamente porque no quiero perder de vista al ser, que es lo único que veo ahora. Centenas de ruidos chirriantes, diferentes cada uno del otro se almacenan en mi cerebro, sonando todos a la vez, creando más tensión en el ambiente, eso es, en verdad, lo que más miedo me infunde; no sé de dónde puede salir y es algo que me inquieta.
De nuevo fijo mi concentración en el ser que cada vez está más próximo a mí. Por primera vez, puedo ver su ''rostro'', solo fue una milésima de segundo antes de que la cabeza del ser se disolviera al mirarla, pero claramente pude ver sus grandes ojos escondidos detrás de unas gafas, nariz pequeña y sonrisa grande y misteriosa, a la par que malévola. Jamás le había visto antes. Bueno, miento, juraría haberlo visto en alguna de mis otras pesadillas de las que me acosan por las noches. Aunque no estoy segura, pero a partir de ahora, su cara permanece archivada en mis recuerdos.
Segundos después, está a escasos centímetros de mí, y tengo que inclinar la cabeza mucho hacia atrás para poder contemplarlo bien. 
Instantáneamente, del cuello de su vestimenta negra, sale una voz atronadora y me dice algo que no llego a entender. Tras eso, el ser se reduce a cenizas sobres mis pies descalzos y se ilumina todo. Aparezco en mi habitación. Ahora sí que hay suelo, vuelvo a mirar mis pies y las cenizas ya no están. Por fin estoy a salvo. ¿O no?

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