Un ruido ensordecedor durante medio segundo y luego todo es silencio. La pistola se cae de su mano y su cuerpo cae con fuerza hacia atrás. Ella pensaba que solo iba a dejar el sufrimiento, pero ha dejado mucho más. Ha dejado que su hermana pequeña se encuentre su cuerpo inconsciente y muerto cuando llegue a casa. Ha dejado a una madre llorando desconsoladamente cuando lea la carta que ella ha dejado encima de su cama. Ha dejado a amigos preguntándose qué han hecho mal y al borde de acabar como ella por remordimiento, cuando en realidad no ha sido su culpa. Ha dejado toda una vida con un gran futuro de pronto, por él. Sí, ese imbécil, que un día decidió llamarla 'gorda', así sin más. Pero también es culpa suya por dejarse afectar tanto por alguien tan superficial aspirando a alguien mejor con diferencia.
Ha dejado la pistola dentro del baúl de la casa de su abuelo, al pensar en todo lo que pone antes. Decide llamarlas, a ellas, las que la levantan el ánimo siempre y sale a olvidarse de pistolas, y de chicos gilipollas. Nada de eso ha pasado, y no se le volverá a pasar por la cabeza pensarlo. Nunca más.
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